Considero que uno de los juegos más peligrosos que jugamos es el entendernos como ajenos a Dios y con una naturaleza pecadora.

Este jugo mental nos lleva a vivir una vida constantemente expuesta al fracaso, al enojo y a la frustración, pues todo el tiempo vivimos con una consciencia de que de nos habla constantemente de que merecemos las cosas que no van bien en nuestra vida, lo ha pensado?

Esto como un segundo paso nos lleva a pensar que debemos de hacer “algo” para agradar a Dios y para poder merecer cosas buenas, como si nuestra propia condición no nos permitiera vivir una buena vida.

Pero si lo pensamos detenidamente, este tipo de pensamientos nos orilla a negar a Cristo, pues es un hecho que a causa de nuestra vida de pecado no merecemos otra cosa que la muerte, pero una cosa es llevar una vida de pecado y otra muy pero muy distinta es tener una identidad pecadora, debemos de considerar que Dios siembre ha hecho diferencia entre los de casa y los extranjeros, pero su intención es que todos seamos de casa por medio del nacer de nuevo.

Es por eso que me emocionan citas como la de hoy que nos recuerda que Él nos considera como propios y que no hemos cambiado de identidad, a lo mejor si de hábitos pero no de identidad y por ello pretende recordarnos constantemente quienes somos para que regresemos a actuar de acuerdo a la identidad que fue puesta en nosotros.

Es por eso que la Biblia nos recuerda que absolutamente nada nos puede alejar del amor de Dios, pues somos suyos y pretende que seamos uno con Él, que Él viva por medio nuestro y que hagamos como Él hace, así de sencillo.

Pero como el mismo Yeshúa (Jesús) dijo al ciego “de acuerdo a tu fe te sea hecho” es decir, Él no puede bendecirnos a la fuerza ni puede intervenir en nuestra vida sin nuestra autorización confesada de manera audible por medio de nuestras bocas y por tanto no nos puede obligar a creer su verdad por evidente que esta sea.

Es por eso que las personas que se dicen de una naturaleza pecadora viven justo así, entendiendo que el pecado les es algo natural y que no hay manera de que lo puedan evitar y que si les va mal, es porque Dios hace las cosas “por algo”, sin embargo, quienes se atreven a creerle a Dios y a entenderse justo a su imagen y con la capacidad de expresar su naturaleza (semejanza) viven de acuerdo a promesas como Salmos 23:6, que confiesa que el favor y el bien de Dios es algo que viene detrás nuestro y que no hay manera de que lo podamos evitar, pero que a su ves esto nos regresa al seno de Dios y a su presencia.

Nuestra actitud ante esta verdad debe de ser de sumo agradecimiento, pues entendemos que no importa cómo es que hayamos vivido ni qué es lo que hayamos hecho que Dios no solo quiere sino ha hecho todo para que seamos buenos, seamos bendecidos y nos decidamos a reflejar su naturaleza, como ve?

¡Comparte esta entrada, elige tu plataforma!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *