A nadie nos gusta sufrir, eso esta mas que claro, pero quiero entender que el concepto de lo que entendemos como sufrimiento se ha desvirtuado grandemente, ya que de la misma manera que cada día es mas fácil el que digamos que amamos a alguien o a algo (es asombroso como podemos decir de la misma manera que amamos a alguien con quien tenemos una relación sentimental, como decimos que amamos los tacos o una película) hacemos con aquello que nos hace sufrir, hoy en día categorizamos cualquier cosa que nos incomode como sufrimiento y tratamos de evitarlo a como de lugar.

Cuando pienso en esto, no puedo dejar de pensar en las famosas demandas que se hacen en Estados Unidos donde el mas sencillo agravio puede hacer que una persona reciba millones de dólares por el puro hecho de que alguien la hizo sufrir.

Cada vez somos mas influenciados por lo que sentimos, sin importar que aquello que sintamos sea incorrecto o desagradable delante de los ojos de Dios o simplemente delante de los ojos de las demás personas, nos dejamos gobernar cada vez mas fácilmente por lo que sentimos, mas allá de por aquello que sabemos o pensamos, pensamos que por el hecho de que no somos capaces de entender o dominar lo que sentimos, es algo correcto, ya que pareciera algo natural en nosotros.

Dios sabe esto, Él fue quien nos creó y sabe perfectamente todo aquello que puede suceder en nuestra mente y en nuestro corazón, por tanto llenó su palabra de advertencias, ya que sabía desde el principio que nuestros sentimientos nos podrían llevar a la perdición y la muerte eterna, por ello consideró necesario que de vez en cuando alguien o alguna circunstancia nos hicieran detenernos y reflexionar acerca de como actuamos y lo que decimos.

Es por eso que siempre he dicho que es muy peligroso y hasta cierto punto mediocre (por favor no lo tome como una ofensa) el vivir bajo el moto de “Dios por algo hace las cosas”, le puedo casi asegurar que cada cosa que pudiera parecer incómoda en nuestra vida tiene en parte el propósito de salvaguardar nuestra vida, pero sobre toda cosa tiene una respuesta y una explicación de parte de Dios.

Esto es tan sencillo de entender como un chiquillo que juega cerca de la estufa encendida, y le llamamos la atención para prevenir que se pueda quemar, y cuando vemos que no hace caso, le reprendemos y le castigamos, pero no importa que tan duro sea el regaño y la reprensión, siempre será menos doloroso que la quemada a la que el chiquillo se expone.

Justo así es Dios, nos habla y nos previene acerca de algo que pone en riesgo nuestra eternidad y si no estamos dispuestos a escuchar y no estamos dispuestos a detenernos, va a intervenir, pero no solo lo hará de una manera silenciosa, sino que nos explicará de que se trata, para que no volvamos a caer y no corramos peligro de nuevo.

A veces pienso que incluso Dios nos puede dar muerte física para evitar la muerte espiritual, ya que hay quienes son incapaces de dejar de pecar, a pesar de haber confesado a Jesús como su Señor y Salvador, pero es algo que en definitiva se puede evitar.

Es por eso que la disciplina y la corrección son tan importantes, son sinónimo de vida en los casos que nos apartamos de la voluntad de Dios, medite acerca de ello, a lo mejor sería muy útil decirle a Dios que estamos dispuestos a ser disciplinados por Él con tal de asegurar nuestro lugar en la eternidad a su lado, no lo cree?

 

Lectura del día de hoy: Proverbios 23

 

 

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