No se si esté usted de acuerdo conmigo, pero hay ciertas citas de la Biblia que son usadas tan frecuentemente por las personas y usadas sin una explicación o una aplicación práctica que nos llegan a caer gordas (mexicano para nos caen mal), es decir la escuchamos y dentro de nosotros decimos algo así como “si, si, ya lo se, ahí esta de nuevo la cita que no se como aplicar”.

 

A mi me sucedía con la cita del día de hoy, ya que por un lado soy un convencido de que Dios nos quiere prosperar y que nuestro crecimiento económico es parte del reflejo de la gloria de Dios en nuestras vidas y que todos los que hemos decidido ser hijos por adopción cuando recibimos a Cristo en nuestro corazón, somos llamados Reyes y Sacerdotes del Dios todopoderoso, por tanto las riquezas son algo que nos es asignado y nos corresponde, obvio administrados con un corazón humilde y siempre reconociendo de donde vienen esas riquezas y a quien pertenecen realmente.

 

Con esto no le quiero decir que en la bienaventuranza económica se refleja la espiritualidad o la cercanía a Dios, para nada, solo es parte del reflejo de la gloria de Dios y de acuerdo al plan de Dios para nuestra vida, puede ser parte de nuestra vida.

 

El concepto que le mencioné unas líneas arriba, pareciera estar directamente divorciado de la cita del día de hoy y así lo percibí durante mucho tiempo, y tengo que ser honesto en decirle que me causaba cierto conflicto, ya que no lo entendía, sino que fue hasta hace un par de semanas que me hicieron una invitación a predicar y Dios me lo mostró al armar el tema que iba a exponer.

 

El día que ocurrió el terremoto y tsunami en Japón, me tocó estar levantado mas temprano que de costumbre, de manera que al ver las noticias en mi computadora, desde muy temprana hora, tuve la oportunidad de ver las imágenes y los videos de lo que pasaba en aquel lugar y le puedo decir que no daba crédito a lo que veía, por un lado la devastación y por el otro lado el entendimiento de como es un tsunami, ya que del anterior sucedido en Indonesia unos años atrás no había podido ver muchas imágenes.

 

No fue sino hasta unos días después que empecé a entender la cita del día de hoy, ya que me llamaba la atención de sobremanera que la devastación en Japón era muy distinta a Haiti y a Chile, los dos terremotos anteriores de gran magnitud, una de las cosas mas recurrentes que me tocó observar fueron los miles de coches (obviamente) y que en vez de ruinas había trozos de madera por todos lados (palitos), las calles y las ciudades estaban cubiertos de palitos por todos lados, mas allá de escombros como se veía en los desastres anteriores.

 

Por un lado me pareció lógico el hecho de ver palitos, ya que es bien conocido que los Japoneses hacen sus casas de madera y que es una tradición y una manera de vivir, pero lo que me dejó atónito fue el hecho de porque es que viven de esta manera y se lo voy a compartir:

 

En uno de los noticieros que vi, hablaba de la historia de terremotos ocurridos en Japón y si no recuerdo mal (el dato puede estar equivocado) el último terremoto de gran magnitud fue por ahí de 1923, y decían en el reportaje que desde entonces los Japoneses estaban preparados y esperando la venida de otro gran terremoto.

 

Fue entonces cuando me cayó el 20, como decimos en México (en otras palabras fue entonces que lo entendí), y supe que es lo que Dios nos quería decir con esta cita.

 

No es que Dios no quiere que seamos prósperos, todo lo contrario!, el anhela que lo seamos, como lo dije antes, es parte del reflejo de su gloria, solo que no quiere que esas riquezas las acumulemos en bienes innecesarios que nos estorben o bien se vengan abajo sobre nosotros en un desastre y no me refiero solo físicamente como en el caso de los Japoneses, sino que luego sucede que las personas acumulan tales cantidades de dinero y hacen tales edificaciones y adquieren tales compromisos que son mas grandes que su capacidad de administrarlos y un solo problema económico o un solo embate de la vida pueden hacer que lo pierdan todo junto.

 

El problema no esta en perderlo todo, sino que los residuos de aquello que se vino abajo nos estorbe para poder volver a comenzar (física, emocional y espiritualmente), permítame explicarle, después de ver las noticias sobre Japón, era obvio que saldría a relucir el tema de Haiti y vi varios reportajes sobre la situación actual en aquella isla y de como aun están muchos edificios devastados y sin poder siquiera limpiarlos, hay tanto escombro por todos lados que parece imposible que algún día los logren quitar todos.

 

Los Japoneses estaban preparados para el siguiente terremoto y le aseguro que en menos de lo que imaginamos, estarán de nuevo en pie y habiendo reconstruido sus ciudades y viviendo de manera cotidiana, lamentablemente no podemos decir eso de los Haitianos, pero he ahí la diferencia de las 2 culturas y de lo que habla la cita de hoy, el que los Japoneses estuvieran preparados para el siguiente gran terremoto y vivieran en casa de madera, no les quitó la oportunidad de ser una de las principales potencias mundiales, tanto económicamente como en industria y tecnología, con la capacidad de levantarse fácilmente después de cualquier inconveniente, mientras que otros en países construimos pequeño y sólido de manera que lo poco que tenemos no solo nos puede aplastar, sino que nos puede tomar años salir de ello para reinventarnos y salir adelante de nuevo.

 

Mi invitación de esta mañana es a que reflexione y piense en las cosas que hay en su vida, tanto físicas como espirituales, la cuales pudiera estar acumulando que no le ayudarán en un caso de emergencia, sino por el contrario, corren el riesgo de serle un estorbo y un freno, y a que piense como los Japoneses, que haga de usted una gran nación preparada para todo y que le permita reconstruirse de manera fácil, la Biblia nos promete que los problemas y las aflicciones nos acosarán siempre, es decir como los Japoneses, sabemos que viene otro gran terremoto, solo tenemos que estar como ellos preparados para que nos haga el menor daño posible y podamos reconstruir nuestra vida de rápida manera.

 

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