Exodus 3:21 (RV60) Reina Valera 60 Y yo daré a este pueblo gracia en los ojos de los egipcios, para que cuando salgáis, no vayáis con las manos vacías;

Creo que en algunas ocasiones ya he tocado este tema, pero creo que es importante que lo tomemos en cuenta, ya que es parte fundamental de nuestra fe y de la manera en la que nos relacionamos con Dios y de lo que le quiero hablar es del hecho de cuantas veces nos “arrepentimos” de haber actuado mal y pretendemos hacer un “borrón y cuenta nueva” y sin darnos cuenta es como si nos “reseteáramos” y pasamos nuestra vida y nuestra relación con Dios empezando de nuevo y nunca avanzamos y nunca crecemos.

Esa es una de las diferencias fundamentales entre la vida en la tierra y la vida en el Reino de los Cielos el cual existe y actúa de manera paralela a la vida cotidiana que la mayoría vive, en la tierra probablemente tendremos que comenzar de nuevo constantemente en todos los sentidos, incluso es muy común que cuando perdemos la confianza de alguien, tenemos que comenzar de nuevo como si nunca la hubiésemos tenido, pero en el Reino de los Cielos no es así, primeramente porque en ese lugar el tiempo no es relevante, por lo cual las cosas no caducan y la otra característica es que todo lo que Dios hace en nosotros es eterno, por lo cual permanece, aún cuando lo hayamos dejado de usar, honrar e incluso percibir.

Esto lo podemos ver claramente en la historia de los Israelitas, estos entraron a la tierra de Egipto como invitados especiales y llenos de beneficios, conforme fueron habitando la tierra y haciéndose familiares con los Egipcios fueron perdiendo noción de quienes eran y de cómo habían llegado a ese lugar y pasaron de ser invitados especiales a ser esclavos.

Ciertamente los Israelitas estaban despreciando el favor que Dios había tenido para con ellos, pero Dios lo sabía y Dios tenía planes más allá que solo molestarse por su infidelidad, de modo que cuando Dios envía por ellos a Egipto, les recuerda que saldrán de la misma manera como entraron, llenos de beneficios y cubiertos de riquezas, pero esto no es solo para los Israelitas, es para todos los que nos entendemos hijos de Dios y bajo su cobertura.

Ciertamente nos sucederá que nos distraeremos y que nos desviemos del camino, pero eso no significa que perderemos lo que habíamos obtenido de parte de Dios ni que Dios deje de ser Dios, de modo que cuando retomemos el camino y nos pongamos de nueva cuenta en el papel adecuado de acuerdo a la identidad que Dios tiene para nosotros, retomaremos justo en el lugar donde nos habíamos quedado y comenzaremos en ese mismo punto, esto nos debe de alentar y sobre todo nos debe de quitar la pereza de empezar de nuevo que es un factor que nos hace no querer acercarnos de nueva cuenta al Dios de los Cielos.

La verdad es increíble el entender las cosas de Dios como Dios las entiende y que no perdamos nuestro tiempo “comenzando de nuevo”, no lo cree?

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